Cruzar la calle es una acción sencilla de realizar. Solo debemos de tomar una serie de precauciones. Se nos educa para ser consientes del riesgo que supone cruzar sin mirar ambos lados y sin respetar las normas viarias. Cuando el peatón esta en plenas facultades todo es más fácil. Y, ¿qué ocurre cuando uno tiene una discapacidad? Concretamente una discapacidad visual.  

Baja visión vs Ancha avenida

Yo tengo la enfermedad de Stargardt. Esta me provoca baja visión. Padecer esta enfermedad va asociada a inconvenientes. Cruzar una ancha avenida es un inconveniente. Esta acción tan simple puede llegar a ser toda una odisea. ¿Cómo lo hago cuando tengo de cruzar una calle? Si de lo que se trata es de cruzar una calle estrecha no implica mucho peligro. Solamente requiere que agudice dos sentidos. El oído y la vista. Uniéndolos me dan información sobre mi entorno. Para decidir si cruzo la calle con seguridad o me detengo unos minutos esperando que transite el vehículo. Y ¿si traslado esta misma acción a una ancha avenida? Aquí ya se me complica un poco.  Las personas con una discapacidad visual tenemos mucha suerte. Porque son muchas las ciudades que poseen medios que nos facilitan la movilidad y la seguridad. En mi caso la discapacidad aún me permite moverme con normalidad. Aunque en ocasiones debo de desarrollar mi creatividad para franquear los retos que la ciudad me propone. Y a lo largo de los años he ido adquiriendo una serie de estrategias que me ayudan a superar estos retos. Y ahora las quiero compartir. Con personas que se encuentran en la misma o similar situación que yo. Así pues, cuando un peatón anda por la ciudad debe de estar atento a las indicaciones que le da su entorno. Estos esperan o cruzan las calles según los inputs recibidos. Mi caso es diferente. En días muy claros. Con alta luminosidad. Me resulta difícil ver con claridad las señales luminosas de los semáforos. Esto no me ocurre cuando es de noche o si detrás del semáforo hay una superficie oscura. Esto es porque entre la luz del semáforo y el entorno hay un mayor contraste. El contraste me facilita la fijación de la mirada en aquello que quiero ver. Si no se dan las condiciones optimas uso las estrategias.

Observar el entorno

La primera estrategia es la de observar mi entorno más cercano. Observo a los peatones que están a mi lado. Si estos están esperando. Yo me espero. Y si están cruzando. Cruzo muy rápido. Siempre prestando atención al semáforo. Porque a medida que me acerco a la acera de enfrente lo veo mejor. Esta estrategia tiene un hándicap. Los semáforos están para darnos información. Y muchos peatones los ignoran. No les hacen caso. No tienen tiempo de parar unos segundos ha esperar. Miran y si no ven ningún vehículo cruzan rápidamente. Si me fio. Me aventuro a que al cruzar pensando que puedo hacerlo con tranquilidad me atropellen. ¡Prefiero utilizar otra estrategia!

Pedir ayuda

Pedir ayuda al peatón que se esta esperando. Por favor, ¿puedes indicarme cuando puedo cruzar? al hacer la pregunta mi interlocutor puede pensar que estoy chiflada. Para dar credibilidad a la pregunta la debo de acompañar de una breve explicación de mi dificultad visual. Esta estrategia también tiene un hándicap. Todos vamos con prisas o pendientes del móvil. Aprovechamos las idas y venidas para ultimar imprevistos. Para hacer planes para el fin de semana. Para desconectar del trabajo. Para pedir cita al doctor. Etcétera. Etcétera. Y interrumpir estas tareas para dar explicaciones sobre mi enfermedad de Stargardt. No me atrevo. Y se que en el interlocutor le puedo causar sorpresa, incomprensión o empatía. Pero no estoy preparada para pedir ayuda. En algunos momentos he querido hacerlo. Pero no he podido. Me han entrado ataques de vergüenza. Y he renunciado a utilizar esta estrategia. A lo mejor alguien en mi misma situación la puede utilizar. 

Mirar detrás de mi

Y he optado por utilizar mi opción. Es la que me ha dado mejores resultados a lo largo de todos estos años. Creo que de las tres estrategias esta es la mejor. Porque no estoy pendiente de lo que hacen los demás peatones. No he de pedir ayuda a nadie. Solo he de mirar detrás de mi. Miro el semáforo que está situado detrás de mi espalda. Es tan sencillo como girarme un poco y levantar la mirada. Y ahí esta el semáforo. Dándome toda la información. Estoy segura que en el mercado existen diferentes dispositivos que nos pueden ayudar a minimizar los efectos de la baja visión. Pero yo de momento prefiero usar mi estrategia.